BARCOS PARA LA GUERRA

Ya fuera como medio para el transporte de tropas, para cortar el acceso por mar a una plaza sitiada o como elemento ofensivo, la armada fue fundamental en numerosas batallas acaecidas en el siglo XIV. A todo ello debemos sumar la actividad de corsarios como Pere de Tornamira que,  contratado por los Jurados de Mallorca para perjudicar a los genoveses, en 1332 dirigía una flotilla de dos galeras y dos cocas con las que atacaba todo tipo de naves.

Era habitual trabar los barcos y combatir como si se estuviera en tierra. Bajo estas líneas, una imagen de la batalla naval de La Rochelle en la que se aprecia esta práctica.

Royal 20 C VII - Chroniques de France ou de St Denis
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La tárida era un barco de vela y remo especializado en el transporte de tropas que contaba con un portón levadizo a popa para el desembarco de caballos.

La coca (Kogge, cog), barco de borda alta se empleaba tanto para el comercio como para la guerra.

Réplica de una coca del siglo XIV

Los castillos en proa y popa ofrecían una plataforma elevada ideal para situar ballesteros o arqueros.

En la ilustración del libro "Historia de los buques de guerra", escrito por Jaim MacKenzie, podemos ver una batalla naval en la que se enfrentan dos cocas. 

Aunque no suponían una equipación permanente, tanto las cocas como las galeras podían incorporar armas de fuego. En el vídeo inferior podemos ver el disparo una pieza artillería de la Malmö Kogg, réplica de una coca medieval.



La primera referencia del uso de artillería naval data de 1359, en el puerto de Barcelona, donde un barco de la Corona de Aragón hizo fuego contra buques castellanos del rey Pedro I.


La galera de guerra, típica del Mediterráneo, era un buque largo y estrecho de borda baja que aparejaba velas latinas. Impulsada por el viento o a remo, basa su potencial de ataque en su maniobrabilidad y velocidad. El palo mayor ocupaba una posición centrada y, en algunos casos, iba acompañado de un trinquete a proa. Tenía un castillo a proa, usado como plataforma de combate, y otro a popa, más resguardado, donde estaban las banderas y se situaban los oficiales.
Aunque en ocasiones embestían otros barcos, con frecuencia unían sus bordas para iniciar un combate sobre sus cubiertas muy similar al que se desarrollaría en tierra.

En lo que se refiere a las enseñas que debían portar las naves, estaba regulado cuáles debían portarse y el lugar en que se habían de situar. Así, en las "Ordenanzas navales de Aragón", redactadas durante el reinado de Pedro IV el Ceremonioso, establecía la obligatoriedad de llevar la enseña real, que debía colocarse en el mástil y a popa:

"En ninguna escuadra donde haya capitán general, almirante, vicealmirante ó lugarteniente de ellos, nadie podrá llevar bandera con su divisa, excepto el que fuese noble o rico-hombre, señor de pendón, (...). Antes bien, deberán llevar solamente bandera con la divisa del señor Rey y la del Almirante, Capitán general, o del que fuere jefe de la Armada. Pero podrán llevar banderolas cuadras con su propia divisa cuantas quieran, en la proa."

Para saber más sobre los barcos empleados en la guerra y las batallas navales puedes leer algunos de los siguientes artículos:

- "Batalla naval de Guadalmesí", de Wenceslao Segura González.


- "Estrategia, operaciones y logística en un conflicto mediterráneo. La revuelta del Juez de Arborea y la Armada e Viatge de Pedro el ceremonioso a Cerdeña (1353-1354)", de Mario Orsi Lázaro.


- "La derrota naval del almirante Jofre Tenorio", escrito por Wenceslao Segura González.

- La evolución y empleo del armamento a bordo de los buques entre los siglos XIV al XIX, escrito por María Jesús Melero Guilló, conservadora de la Sección de Armas del Museo Naval de Madrid.

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  • ACTUALIZADO EL 21 DE ABRIL DE 2019

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